UNA ORQUESTA SINFÓNICA EN ETIOPÍA

Publicación en el País, 10/11/2013

A mitad de octubre se escucharon en Addis Abeba los sonidos inusuales de una orquesta sinfónica formada íntegramente por músicos etíopes.Estudiantes y profesores del conservatorio profesional de música (Yared Music School), única escuela oficial de nivel superior en el país, tocaron en el Teatro Nacional bajo la batuta de la española Silvia Sanz.

 

Gracias a una iniciativa de la embajada española, se celebró por segundo año consecutivo este concierto para el que la directora permanente de la Orquesta Metropolitana de Madrid estuvo trabajando durante una semana con los músicos. Interpretaron un programa clásico en el que se mezclaban obras de autores españoles con compositores etíopes. Una iniciativa única, como citaba el antiguo director del conservatorio,Tadele Tilahun“No se celebraba unconcierto de orquesta sinfónica formada por músicos etíopes desde los últimos treinta o cuarenta años, remontándose a los tiempos del emperador Haile Selassie. Y quizá sea también una iniciativa única a ojos occidentales, acostumbrados a tener otras noticias de lo que ocurre en un país africano como Etiopía.

Alejandro Vivas, compositor español, ha compuesto una obra dedicada a la Yared Music School
 La música de ambos países llenó como pocas veces el Teatro Nacional de Addis Abeba. Como comentaba la propia Silvia Sanz: “Ambas no son tan lejanas, el ritmo tiene mucha importancia”. Según Aklilu Zewdle, veterano clarinetista del conservatorio, “la española ha sido un descubrimiento muy positivo; música de un país del que sólo había oído principalmente hablar por las corridas, los encierros o la fiesta de la tomatina. Etiopía necesita tener una orquesta sinfónica para tocar no sólo las obras clásicas occidentales como las de Mozart o Schubert sino para poder tocar la propia música etíope, ya sea de nuevos compositores o adaptaciones de antiguas piezas, en forma de orquesta sinfónica”.

Un ejemplo podría ser la música tradicional pentatónica etíope que autores como Mulatu Astatke transformaron y llevaron a la fama internacional a través del género conocido como ethio-jazz. La sociedad etíope presume siempre orgullosa de su cultura y sus tradiciones, quizá fuera una de las razones por las que los músicos del conservatorio pidieron introducir en el programa el estreno de dos obras de compositores nacionales. Para Zewdle: “En Etiopía la gente aprecia mucho la música. Existen compositores aquí que están intentándolo y hay que darlos a conocer”.

Sin embargo, a pesar del éxito de este concierto la continuidad regular de unaorquestasinfónica etíopeno es fácil por distintos factores. TewodroNegash, joven flautista recién salido del conservatorio, nos cuenta cómo fue su educación en la YaredMusicSchool, fundada en los años cuarenta y ahora parte de la Universidad de Addis Abeba: “El conservatorio se comienza cuando se termina la educación secundariaA mi me gustaba la música porque desde joven veía en la televisión etíope los conciertode orquesta dirigidos por el compositor griegoYanniEn mi caso, comencé a estudiar flauta a los 19 años y completé los cinco años oficiales que dura el conservatorio”.

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Para Silvia Sanz (en la imagen) la tardanza en el comienzo de la educación musical es uno de los problemas clave en Etiopía: “En España pongo mucho énfasis en trabajar la educación musical desde muy niño, tienen que divertirse y disfrutar con la música desde muy jóvenes. Hay que conseguir atraerles. En Etiopía, es increíble que empiecen a los 17 o 18 años ya que, entre otras cosas, los músculos o la anatomía ya están formados y es más difícil que puedan adaptarse al instrumento”. Para Aklilu Zewdie (el clarinetista, en la imagen) esta tardanza se debe a un problema económico:“En mi caso, como en el de muchos de misveteranos compañeros profesores en el conservatorio,fui becado en mi juventud para estudiar música en los países soviéticos pero hoy en día la educación musical es muy caraAbenezer Machlot, contrabajista de la orquesta, tiene 21 años y se encuentra en su tercer año. Él nos describe unode los porqués: “La educación musical es cara. Muchos instrumentos son inaccesibles económicamente, ni siquiera se encuentran en el país, por eso solo pueden ser adquiridos por la escuela. Cuando acudimos al conservatorio, los tomamos prestados del almacén para poder ensayar. Muy poca gente puede permitirse tener el instrumento en casa. Lo mismo pasa con la matrícula. Los cinco años de estudio cuestan un total de 25.000 birrs (aproximadamente mil euros) que son inicialmente pagados por el Gobierno. Al acabar pueden ser devueltos bien a través de dos años de servicios sociales o bien descontando un porcentaje del sueldo hasta pagar la cantidad obtenida”.

Para Abenezer, la semana de ensayos con Silvia marcan un antes y un después durante el año. “Silvia tiene una experiencia que ningún profesor podría transmitirnos a la hora de dirigir. Nos enseña no solo a tocar las notas sino a interpretar la música, los signos, las expresiones de la dinámica y sabe cómo organizar una orquesta. Nos enseña la disciplina de tener que estudiar individualmente, de concentrarnos en nuestro estudio”.

Para ella no es la primera experiencia similar, ya que también dirigió la orquesta sinfónica juvenilde El Salvador, aunque con diferencias: “En Salvador los jóvenes tenían más confianza a la hora de tocar, aquí necesitan una palmada en la espalda, tienen menos oportunidades y eso se nota. Necesitan demostrarse a sí mismos que pueden tocar ante el público. Quizá por ello Silvia decidió dirigir uno de sus ensayos al aire libre a la entrada del conservatorio, donde la multitud etíope, siempre presente en la calle se detenía y presenciaba atónita una agrupación de instrumentos desconocidos para ellos. Como indica el compositor y crítico musical Robin Maconie “El auditivo es el único sentido al que el ser humano no puede sustraerse”. Silvia nos destaca además otras singularidadesde su experiencia: “Las diferencias entre el hombre y la mujer se hacen también evidentes en ciertos momentos. El hecho de que una mujer esté dirigiendo a la orquesta, incomoda a ciertos hombres. Esto le puede afectar aún más a la concertino, que en este concierto es una joven etíope, y que necesita el convencimiento y el apoyo para tirar la orquesta hacia delante con convicción y sin complejos”.

Abenezer Manchlot

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Tewodros Negash

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Abraham

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A pesar de todo, la mayoría de estudiantes y músicos de la orquesta pareceganarse la vida con la música. Es el caso de Aklilu o de Tewodros, que compaginan la actividad de profesorado tocando en hoteles o salas de concierto respectivamente (Ashenazy Chamber Orquestra). Además, los sueños de los estudiantes se hacen presentes en sus ojos como los de Abenezer, que a pesar de tener dos años más de estudio por delante tiene claros sus objetivos: “Me gustaría ser profesor de música y tocar el contrabajo en una orquesta de jazz. Pero sobretodo, me encantaría componer mi propia música y que mis arreglossobre composiciones etíopes pudieran ser tocados por una gran banda orquestal.

Al finalizar el concierto y euna de las numerosas propinas requeridas por el público, un “Olééééée” cantado por la orquesta y animado por Silvia inundó el auditorio y estimuló los aplausos del publico etíope entregado, aplausos que avivaron la llama de los músicos de la orquesta… ¡la orquesta sinfónica de Etiopía!

2018-05-30T17:09:01+00:00septiembre 5th, 2017|Sin comentarios

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